Sobre moral, veganismo, ecología, antiespecismo y producción alimentaria.

Sobre moral, veganismo, ecología, antiespecismo y producción alimentaria.

by -
0 325

Tengo muchos amigos, cada vez más, que no consideran “moralmente lícito” comer carne de otros animales. Y ya no se trata de una cuestión marginal, se está convirtiendo en una nueva ética, un nuevo tabú cultural. Nada que objetar al tabú en sí, yo mantengo otros, como por ejemplo no comer carne humana (Nota 15) por eso sé que contra el dogma es difícil razonar. Nada que objetar tampoco a los cambios: la antropología me enseñó que la moral humana no es universal ni inmutable, y que lo que en una determinada sociedad y en un determinado momento es perfectamente admisible, en otra sociedad o en otro tiempo, se considera un comportamiento socialmente pernicioso.

Se impone la globalización, y con ella una cultura urbanita, desarraigada, ajena y profundamente ignorante del entorno rural y del ecosistema educada por Walt Disney…

Pero en el imperio global en el que habitamos, de la misma manera en la que se ha estandarizado la cultura, las preferencias estéticas, el lenguaje, la moneda o las estructuras socio-económicas; también la moral está abocada a la uniformidad (Nota 1). Se impone la globalización, y con ella una cultura urbanita, desarraigada, ajena y profundamente ignorante del entorno rural y del ecosistema (Nota 8); educada por Walt Disney, tremendamente sobreprotectora con los animales, pero no con el entorno que los sustenta. Una cultura primer-mundista, implacable con los últimos vestigios de un primitivismo cultural más reciente de lo que es capaz de asimilar; pero indulgente con el capitalismo que explota la naturaleza, la desnaturaliza, la utiliza, y que va camino de esquilmar.

Los urbanitas vemos la comida en el estante del súper, y no nos planteamos cómo se ha producido eso. Nos cuesta imaginar que comemos animales muertos, como los linces o los lobos. Nos repugna nuestra propia animalidad. Renegamos del primitivismo, y nos acogemos al civilizado ciudadanismo que esconde las vergüenzas bajo hipnóticas alfombras de plasma.

 

850-anys-alforja-00
Los urbanitas vemos la comida en el estante del súper, y no nos planteamos cómo se ha producido eso.

Yo soy omnívora, como lo ha sido el 99% de la humanidad a lo largo de su historia (Nota 7). Y no me avergüenzo, porque para seguir vivos, todos los animales necesitamos comer otros seres vivos. El lince caza conejos, y el conejo come hierba; de la misma manera que nosotros ocupamos nuestro puesto en la cadena trófica, de la que somos otro eslabón. Empezamos recolectando y luego aprendimos a sembrar, empezamos cazando y luego aprendimos a criar animales, como las hormigas pastorean pulgones por las plantas más dulces, para luego “ordeñarlos”.

El origen más probable de la ganadería es la alianza entre el humano y el lobo, en un principio para cazar, y luego, gracias a su domesticación, que nos ayudaba (y aún nos ayuda) a proteger el ganado de otros depredadores, el homínido empezó a hacerse pastor. Así fuimos asentándonos y formando tribus cada vez más grandes.

Todos los animales necesitamos comer otros seres vivos, sean animales o plantas

No podemos decir que las plantas “sientan”, pero sí que tienen “sentidos”, a través de los cuales obtienen informaciones que les permiten tomar decisiones sobre su propia supervivencia y la de la comunidad con la que se interrelacionan, además de que les sirven para comunicarse con otras plantas, percibiendo señales olfativas a través de sus hojas (como esa señal de ¡Peligro! que nosotros percibimos como olor a hierba recién cortada), y emitiendo “sabores” a través de sus raíces y redes de hongos. Mediante el micelio  (que podríamos equiparar a un sistema nervioso central), se  comunican entre ellas y con otros organismos; comparten nutrientes especialmente con sus familiares), piden ayuda, o emiten señales de alerta.  (Nota 10)

Los animales humanos somos responsables de nuestras relaciones y actuaciones con las demás especies y con el ecosistema, que es común. Pero de lo que no somos responsables, ni como especie ni como individuos, es de nuestra propia biología: de que para seguir vivos necesitemos comer otros seres vivos (sean animales o plantas).  Ni tampoco de ser animales biológicamente diseñados para comer carne (por eso necesitamos B12). Nuestra responsabilidad moral como especie (la que hemos heredado de nuestros antepasados), es cuidar la salud y el equilibrio de los ecosistemas y a las criaturas y recursos que lo conforman.  De ello depende la salud de toda la cadena trófica, y en consecuencia, la nuestra.

hilari-aragones-00
… el antiespecismo no contempla las especies vegetales, así que un árbol centenario, o el propio ecosistema, estarían menos protegidos que una mascota en ese marco jurídico.

Pero no creo que nuestra obligación moral sea conceder a ciertos animales algo así como “derechos humanos” (recordemos que la ley ya contempla penas por delito ecológico o maltrato animal, una hipotética legislación antiespecista requeriría asimilar la figura legal de los *animales sintientes* a la de menores e incapacitados psíquicos, sujetos con derechos pero sin deberes). Por otra parte (y aquí está el meollo de la cuestión) no está muy claro cuáles serían los *sintientes*,  (¿un mejillón es sintiente? …no lo saben ni ellos; es una cuestión de empatía, y por eso suelen conceder tal categoría a los más parecidos a las crías humanas -está demostrado que, especialmente en mujeres, mirar fotos de crías de ciertas especies animales, reduce las ganas de comer carne Nota 9-). Además, el antiespecismo no contempla las especies vegetales, así que un árbol centenario, o el propio ecosistema, estarían menos protegidos que una mascota en ese marco jurídico.

No es ninguna casualidad que el animalismo nazca y crezca en una sociedad cada vez más individualista, en donde la soledad  y la desintegración de las tradicionales y sólidas relaciones sociales y familiares es una epidemia …

El verdadero carácter individualista, emocional y anticientífico del antiespecismo, aflora frente al principio comunitarista de la ecología. El antiespecismo antepondrá los intereses de los animales “sintientes” a los del ecosistema; porque unos le provocan empatía y del otro lo desconoce todo, hasta sus más básicos principios. Según los antiespecistas, el especismo es tan detestable como el racismo porque implica la discriminación de otras especies. No hay ningún animal en la naturaleza que no sea especista, según esta premisa. La propia cadena trófica es especista, y es la base del equilibrio biológico.

gato-caza-pajaro
…. el especismo es tan detestable como el racismo porque implica la discriminación de otras especies… unos le provocan empatía y del otro lo desconoce todo, hasta sus más básicos principios…

Creo yo que si para respetar al ecosistema o a los seres que lo habitan necesitamos equipararlos a un ser humano, es que nos hemos convertido en una sociedad profundamente antropocéntrica. Una sociedad que necesita humanizar a perros, gatos, cerdos… porque no es capaz de respetarlos ni entenderlos como animales; una sociedad de seres humanos que han olvidado que ellos mismos son animales; una sociedad individualista e hipócrita, de humanos que no saben de dónde vienen, ni a dónde van.

No es ninguna casualidad que el animalismo nazca y crezca en una sociedad cada vez más individualista, en donde la soledad es una epidemia y la desintegración de las tradicionales y sólidas relaciones sociales y familiares, se sustituyen por otras más “ligeras”, que no conllevan un compromiso emocional profundo, y por la relación afectiva con las mascotas, mucho menos exigente. Las mascotas colman esa necesidad de amar y ser amados, y por eso necesitamos humanizarlas.

A mí lo que me avergüenza, no es ocupar mi puesto en la cadena trófica, sino que mi especie esté envenenando el planeta y destruyendo un ecosistema que no es sólo nuestro.

No hace falta ser vegetariano, vegano ni antiespecista o animalista para entender que si criamos animales estamos obligados a tratarlos de la mejor forma posible, de la misma manera que si cultivamos vegetales, tenemos que hacerlo de forma que respete lo máximo posible el ecosistema.   Ser omnívoro no significa ser psicópata: cualquiera es capaz de ver diferencias morales entre criar cerdos que no conozcan más que la tortura de vivir en un metro cuadrado sin ver nunca la luz del sol, y criarlos de forma que se pasen la vida hociqueando en una dehesa. La ganadería tradicional nos ha dado de comer en los últimos milenios manteniendo el ecosistema, mientras que el antiespecismo aboga de facto por dejar la producción alimentaria en manos de los propietarios de las semillas y los laboratorios de carne sintética.

tecnovit
cualquiera es capaz de ver diferencias morales entre criar cerdos que no conozcan más que la tortura de vivir en un metro cuadrado sin ver nunca la luz del sol, y criarlos de forma que se pasen la vida hociqueando en una dehesa.

El idealismo del vegano niega la realidad biológica, mientras el materialismo del ecologista omnívoro asume su propia biología y racionaliza su interacción con el medio ambiente

Los argumentos contra la sostenibilidad ecológica de la producción tradicional de carne son más que discutibles, cuando se dan, porque normalmente los animalistas sólo se acuerdan de que existe el medio rural cuando hablan de toros. En los montes y dehesas donde se cría y se ha criado ganado en extensivo durante siglos, hay más biodiversidad (pájaros, insectos, anfibios, mamíferos, …sin contar las especies vegetales)  que en las grandes extensiones cultivadas, donde lo primero que molesta son los árboles, para arar.  Ni los pájaros, ni la mayoría de los insectos, ni los anfibios, ni los roedores, son bienvenidos en una plantación. Ni tampoco lo son en una huerta, ni en un invernadero. En cambio, el pastoreo tradicional es perfectamente compatible con muchos ecosistemas autóctonos,  favorable a su biodiversidady, por tanto, a su salud y equilibrio.

La propaganda (Ver crítica a “Cowspiracy” (Nota 6) que pretende demostrar que el veganismo es la opción más ecológica (o sostenible, como prefieren llamarlo), se basa en engañosas teorías elevadas a verdad científica, como la de que la única forma de producir un kilo de carne es invertir diez de soja“. Parece mentira que sea necesario recordar que la ganadería existió durante milenios antes de que se generalizaran los piensos y el modelo industrial.  ¿Cómo cree esta gente que nuestros antepasados alimentaban al ganado, antes de que se comercializaran los piensos? ¿No saben que el ganado come broza, maleza y arbustos leñosos que nosotros no podemos digerir? ¿o es que piensan que la ganadería se inventó en el siglo pasado? ¿No saben que somos pastores desde el paleolítico?

Quiero ver al ignorante urbanita  que propagó tremenda falacia, escalando despeñaderos en Gredos para alcanzar brotes verdes. Dudo que las jaras del monte le resulten apetitosas… pero a una cabra sí.  ¿No es más lógico y ecológico dejar que la cabra se coma la jara y luego comernos la cabra?
Sólo alguien que nunca ha visto pastar a un rebaño, sólo alguien totalmente desconectado de la vida rural e  incapaz de concebir otro sistema productivo que el de las inhumanas granjas industriales,  puede afirmar tal disparate.  Pero es esa gente la que se declara ecologista, mientras defiende un escenario en el que los únicos que ganan son los accionistas de Bayer-Monsanto. Respetable es que cada uno coma lo que quiera, pero no que se pretenda imponer una nueva ética global esgrimiendo falsedades.

cabras-2
¿No es más lógico y ecológico dejar que la cabra se coma la jara y luego comernos la cabra?

En cuanto a la cantidad de carne que puede comer un ser humano manteniéndose saludable, ahí tenemos a los masai (que se tradicionalmente se alimentan a base de sangre, leche e infusiones) y a los inuit (que comen carne cruda, para obtener la vitamina C que no hay en el polo Norte). Durante milenios han basado su dieta en la carne y derivados, y bien sanos que están ellos y sus ecosistemas. Y es que de eso se trata: de mantener sanos y equilibrados los ecosistemas en los que vivimos.   Esa es la responsabilidad que heredamos, y de ello depende nuestra salud y la de todas las demás especies.

En España consumimos poco más de una tercera parte de los cerdos que criamos, y aún menos nos queda de los beneficios. Eso sí, los perjuicios nos los comemos todos… 

La única forma de producir carne no son las granjas industriales. Se puede criar ganado de una forma más ética, lógica y ecológica, con pasto y forraje, como se ha hecho tradicionalmente (y aún, marginalmente, se sigue haciendo). Eso sí, hay que currárselo 365 días al año: trashumar, subir a las vacas al monte, mover el ganado, sacarlo a pastar… y por otra parte, proteger la diversidad genética (razas autóctonas, adaptadas al entorno) y mantener los derechos de paso y pasto comunales que persisten, pretenden que arcaicamente, en nuestra legislación. Un ejemplo: a día de hoy, sólo quedan 80.000 de los 125.000 km de vías pecuarias, el resto (36%) está en manos privadas por la desidia o con la connivencia de las autoridades. En cambio, las leyes que favorecen a las multinacionales, se cumplen a rajatabla…

Viabilidad de la Ganadería Extensiva

Pero, ¿podríamos producir suficiente carne para mantener un nivel de consumo similar al actual, utilizando sólo ganadería extensiva? Actualmente mantenemos menos ovejas y algo más de la mitad de cabras que entre 1950 y 1980, antes del cambio de modelo productivo. En cambio, hemos pasado de criar 4 mill de vacas a 6 mill, y de 7 mill de cerdos para consumo nacional, a 10 mill. (Nota 5)

cami dels masos
Actualmente mantenemos menos ovejas y algo más de la mitad de cabras que entre 1950 y 1980, antes del cambio de modelo productivo.

Pero el verdadero problema, es que además, criamos otros casi 17 mill de cerdos para exportar, cuyos beneficios los disfrutan principalmente los accionistas de las multinacionales, mientras a nosotros sólo nos queda soportar la contaminación y el trabajo precario que nos deja.

Si recuperásemos la ganadería extensiva y comiéramos más cabrito y cordero y menos cerdo, podríamos producir de forma más ecológica y ética al menos un 70% de la carne que consumimos, incluso un aumento de la producción podría ser sostenible, si se van recuperando bosques y zonas de pasto, justo lo contrario de lo que consigue el nuevo CAP (Nota 4)

Y con ello, se mantendría el entorno rural, se prevendrían incendios, se fijaría carbono al suelo, se generaría biodiversidad, se malgastaría menos agua, se contaminaría menos (en el campo, las bostas abonan y contribuyen al transporte de semillas, mientras que en una granja industrial, los purines pueden contaminar acuíferos y ríos (Nota 11)), se transportarían menos piensos, se lucharía contra la globalización del mercado alimentario y la despoblación del entorno rural, y se garantizaría nuestra soberanía alimentaria (¿o no interesa?).

inhumanas granjas industriales
Las macrogranjas de porcino son un cáncer para los ecosistemas en los que se asientan y para la economía de los pequeños ganaderos, además de una vergüenza para el sector de la ganadería …

Los beneficios empresariales determinan el modelo productivo 

Ahora bien, el hecho de que la producción de carne en extensivo sea ecológica y productivamente viable, no significa nada. El modelo de la ganadería industrial necesita menos mano de obra, da más beneficio por dólar invertido, y sólo hay que esperar sentado a que suban las acciones (hasta que se abarate la producción de carne sintética que pretenden comercializar a gran escala bajo el seudónimo de “carne limpia”, y cuyo cultivo celular tiene una parte bastante gore: se cultivan células sacadas de animales vivos y se las alimenta con suero fetal bovino, que se obtiene tras haber sacrificado a la oveja madre, de un feto que se saca vivo y debe ser mayor de tres meses. Al feto se le clava una aguja en el corazón y se le saca sangre hasta que muere. Suele tardar unos cinco minutos”.(Nota 14), así que de momento es el favorito de los millonarios. Ellos tienen el dinero, ellos mandan y ellos dictan las leyes en función de sus intereses; lo que hace imposible reconducir el sistema productivo alimentario que padecemos, que es lo que supone una amenaza, no sólo para la supervivencia de los pequeños productores, sino también para el propio ecosistema.

Envenenamos el planeta, y nuestra salud depende de la del ecosistema

Las macrogranjas de porcino son un cáncer para los ecosistemas en los que se asientan y para la economía de los pequeños ganaderos, además de una vergüenza para el sector de la ganadería, que durante siglos ha velado por el ecosistema; y ahora su metodología pasa por desnaturalizar la naturaleza hasta límites aberrantes, dejando la filosofía de la ganadería tradicional fuera del juego de la economía global.   En las granjas avícolas, tras generaciones de reproducción en incubadoras, las gallinas han perdido el instinto de cría, protección o supervivencia. Algo deberíamos aprender de ello: estamos desnaturalizando la naturaleza, la estamos condenando a muerte. 

Se muere lo rural

Los pequeños agricultores, propietarios de suelos “yonkis” (lo explica muy bien Markos Gamboa en la Nota 3.1), van camino de ser meros franquiciados del oligopolio de las semillas (SGAE de las semillas, Las seis grandes productoras de semillas (Syngenta, Bayer, Basf, Dow, Monsanto y DuPont) manejan el 59,8% del mercado de las semillas del mundo y el 76,1% de agroquímicos.) y los pequeños ganaderos están condenados a perder una desigual batalla contra la producción industrial de carne y lácteos, en un sector regulado para extinguirles  (Estabulación Nota 4). Vamos camino de dejar morir los pueblos, y perder con ellos un sistema de producción alimentaria ecológica y sostenible, en favor de otro industrializado y globalizado. Y, para más inri, justificándolo en base a unos valores, como el antiespecismo, que no sé si se pueden asociar con la ecología. (Definitivamente, no: ver Nota 9)

¿En qué ayuda al equilibrio ecológico que acallemos nuestras recién estrenadas conciencias antiespecistas consumiendo Mc Vegan, si no luchamos contra el capitalismo global que esquilma el planeta en beneficio de unos pocos? 

¿En qué ayuda a la naturaleza que dejemos de comer carne, si seguimos viviendo en un sistema que nos obliga a alimentarnos con proteína vegetal proveniente de monocultivos intensivos ubicados a miles de km, cuyos beneficios revierten únicamente en las multinacionales propietarias de la patente de las semillas, los herbicidas y pesticidas?

¿Dónde hay más biodiversidad, en una dehesa o en un invernadero de espinacas?  (Nota 3)

¿En qué ayuda al equilibrio ecológico que acallemos nuestras recién estrenadas conciencias antiespecistas consumiendo Mc Vegan, y Whiskas (Nota 13) para las relucientes mascotas que pueblan nuestras urbes primermundistas, si no luchamos contra el capitalismo global que esquilma el planeta en beneficio de unos pocos?

¿Porqué tenemos tanta información y preocupación sobre el cambio climático o la salud del Ártico y tan poca sobre los ecosistemas que nos rodean, la salud de nuestros mares, ríos y acuíferos, los estragos causados por los transvases y sondeos, la gestión de las Confederaciones Hidrográficas (Nota 11), el mantenimiento de montes y bosques, el imparable aumento del porcentaje de suelo alfastado, la supervivencia de la fauna autóctona o la diversidad genética de nuestra flora, el equlibrio químico y biológico de nuestros suelos (Nota 12), o la eficacia en la gestión de basuras, contaminantes y aguas residuales por parte de nuestros ayuntamientos e industrias?

trasvassament-siurana-_005
¿Porqué tenemos tanta información y preocupación sobre el cambio climático o la salud del Ártico y tan poca sobre los ecosistemas que nos rodean, la salud de nuestros mares, ríos y acuíferos?

¿Porqué le llaman cambio climático cuando quieren decir contaminación? ¿Quizás porque la contaminación no le soluciona la jubilación a los políticos que se enriquecen comerciando con cuotas de CO2? ¿Quizás porque la contaminación tiene responsables con nombres y apellidos y el cambio climático es “culpa de todos”?

¿Lo solucionamos todo subvencionando empresas privadas para que produzcan e instalen energías renovables, prohibiendo el acceso a las ciudades de coches no eléctricos, subiendo los impuestos al petróleo, traficando con cuotas de emisión de CO2, pagando impuestos por exhalar?

El camino al infierno está empedrado de buenas intenciones 

Necesitamos comer, y necesitamos tomar conciencia del destrozo medioambiental que supone el actual sistema productivo alimentario en un capitalismo global. Pero pensémoslo en profundidad y atendiendo a todos los factores, porque si confundimos el problema, confundimos la solución. Empeñarse en presentarlo como una cuestión de moral personal o de buenismo superficial,  mientras se ignora el verdadero problema (el modelo productivo), lo único que implica es dejar la soberanía alimentaria en manos de los productores de semillas, justo ahora que las están intentando privatizar.

Alicia Melchor Herrera (aliciaatravespantalla.blogspot.com)

alforjastark
Alforja Stark és una plataforma digital col·laborativa per a la difusió d’informació relacionada amb el municipi d’Alforja, el seu entorn i els seus habitants, que manté un especial interès a a promoure l’art, la cultura, el turisme i el desenvolupament econòmic en aquesta zona.