Erina Wild: la vida salvatge a la nostra vall

Erina Wild: la vida salvatge a la nostra vall

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Viu aquí a la nostra vall, encara que segurament pocs coneixen de la seva existència. Va adquirir junt amb la seva parella fa uns vuit anys una petita caseta i una mica de terreny. La meitat cobert de bosc i males herbes, amb molt pendent i quasi gens d’aigua, però així i tot en té prou per sentir-se feliç. D’on prové o perquè va arribar fins aquí poc importa, davant la reveladora veritat que ha descobert. No és un secret i encara que et sembli estrany està a l’abast de tots: mirar al passat. Però si fins i tot no ho entens, ella t’ho explica amb detalls i t’ajuda a trobar el que ella ha trobat. Ho fa de manera personal o en forma de xerrades i tallers pràctics grupals, però a més a més ho pots trobar ordenadament en el seu web amb molt de contingut: subministraments i serveis, animals, cultius, receptes, remeis, sabers tradicionals i molt més.

Gairebé tot el que necessites saber per a emprendre l’aventura de viure al camp ho tens a: vivirenelcampo.info o erinawild.com. Seguir el seu dia a dia en les xarxes socials també és una font d’inspiració. Erina Wild s’expressa de manera natural i diàfana tal com ho fa en el seu diari. Et convidem seguir-la ja sigui al FacebookInstragram. I com a avanç et deixem aquí alguns exemples …

“Nuestro hogar. Nuestro refugio. Nuestro nido.

Mi casa es pequeña, antigua y humilde. Nos dijeron que era una barraca, que más valía tirarla al suelo, que no valía nada. Pero para nosotros era todo lo que podíamos desear. Somos afortunados por tener un techo bajo el que cobijarnos y unas paredes que nos protegen del aire y el frío. Son cosas que damos por sentadas y seguras, pero que por desgracia no están al alcance de todos. Por eso agradezco la suerte y la oportunidad que tuvimos al encontrarla y la fuerza e ilusión que nos ayudó a convertirla en lo que es hoy. Nos mudamos sin agua caliente, sin lavadora, sin tele,… con una cocina de 3m² y una habitación donde solo cabía la cama. Así que cuando me dicen ahora “Que bien vives!”, no les quito la razón, pero lo nuestro nos ha costado!

Enamorada de nuestro pedacito de paraíso

 

Hace ya siete años que compramos nuestra casita y día tras día doy gracias por haber tenido esta oportunidad. Nos costó mucho tiempo y frustraciones pero la encontramos y tuvimos el valor suficiente para meternos en este maravilloso lío. Sin luz, sin agua y con mil reformas pendientes, fueron meses (años) de trabajo duro, pero las ganas y la ilusión eran más fuertes. Prácticamente todo lo que hay en la finca lo hemos hecho o reformado nosotros. Empezando por la casa, tiramos paredes, hicimos regatas para pasar luz y agua, reformamos el tejado y la cocina y el baño; pusimos el suelo, cambiamos la estufa y hasta las puertas están hechas por nosotros. Fuera reformamos el trastero, y la balsa y los aljibes. Construimos la caseta de las placas y el gallinero. Vallamos la finca y montamos el huertito. Construimos la depuradora, las composteras y el wc seco. Y ahora andamos liados con los muros de piedra.

Mi hogar también es hogar de muchos otros

Son tantos y tantos los animales que viven con nosotros, que no podría ni hacer una lista. Algunos van y vienen, pero otros llevan con nosotros varios años. Ahora mismo tenemos una pareja de carboneros en la caja nido, una pareja de herrerillos en la pérgola, una de torcaces en el pino que da sombra al coche, las culebreras surcando el cielo encima de la casa, el cernícalo cerniéndose en busca de presas y el chotacabras cantando en el bosque al ponerse el sol. Un lagarto ocelado se refugia bajo la caja de los esquejes, una araña napoleón se ha hecho la dueña de la Calamintha, decenas de salamanquesas se calientan en el tejado de la barbacoa y los ratoncitos han hecho un nido entre las piedras de uno de los muros. Mi hogar es su hogar. Incluso es más suyo que mío por derecho. Lástima que haya tanta gente que eso no lo entiende..

Pequeños detalles, momentos y bichitos que me hacen feliz

Te das cuenta de que vives en un pequeño paraíso cuando sigues descubriendo especies día a día que no sabías ni que existían, que antes no veías y que de repente convierten este cachito de tierra en su hogar. Hay tantos y tantos insectos distintos en casa. Supongo que encuentran aquí un pequeño oasis, libre de pesticidas y agroquímicos tóxicos, con diferentes espacios y biotopos al gusto de cada uno. Cuando bajé hoy a por flores de malva al final vi casi una decena de mariquitas de aquí para allá entre las flores y las patateras. Luego apareció un insecto enorme y precioso negro con alas azules que viene de vez en cuando. Y el enano de la foto iba de flor en flor por la lavanda con su peculiar zumbido al batir las alas.

El huerto es medicina para el cuerpo y el alma.

El simple hecho de bajar a buscar los ingredientes para la comida de hoy ya es la excusa perfecta para que me de un poco el aire y el sol mientras escucho a los pájaros cantar y veo como la lagartija me observa sobre las piedras. Y sonrío. Y en días en que la cabeza va a mil por hora, pasar un ratito quitando hierbas me vuelve a poner con los pies sobre la tierra y me ayuda a bajar el ritmo. Otras veces simplemente me siento a observar e impregnarme de esa energía y esa paz. Como dice @casabosch, tengo un huerto para ser feliz. Cuando decidimos ampliar el huerto una terraza más, partíamos de un suelo pedregoso, casi descubierto, con cactus y crasas invasoras, muy inclinado y sin nada de materia orgánica. Un año después podéis ver ya algunos cultivos, como las patatas y los zapallitos en primer plano. En medio, el cercado móvil de las gallinas donde pasaban algunas horas cada día preparando y mejorando el suelo.

Hoy crecen ya todo tipo de plantas que mantienen el suelo cubierto. No tenemos riego durante el invierno, y en verano regamos poco, pues la tierra es muy fértil, llena de materia orgánica y retiene muy bien la humedad. Teniendo en cuenta que partíamos de sauló, que es casi como arena, el cambio es brutal en tan poco tiempo. Siguiendo las técnicas adecuadas, es posible transformar y regenerar tierras muertas, dañadas o castigadas por el sobre laboreo, los venenos, etc. El futuro (bueno, el presente) de la agricultura debe ser este. La agricultura regenerativa.

Con el pelo lleno de tierra y clorofila en las pupilas

Así ós definía el otro día esta foto por stories. Fue un día largo, muy largo, de esos en los que haces mil y una cosas y aún te quedan ganas de hacer más. Preparé semilleros, arregle bancales, planté en el huerto, aporqué las patatas, regué todos los árboles y arbustos plantados en la finca, coseché medicinales, limpié el gallinero y mil cosas más que ni recuerdo. Y en ese momento, ya bien tarde con los últimos rayos de luz y justo antes de subir a encerrar a las gallinas, me sentí feliz y quise hacerme una foto. Yo no soy de selfies y no salgo muy bien en las fotos, pero quería recordar era ese momento, lo que yo sentía por dentro aunque se viera lo de fuera. Y qué más daba si tenía las uñas llenas de tierra, el pelo sucio y alborotado y la cara de agotada. Estaba contenta y orgullosa, y por eso siempre que vea esta foto sonreiré de nuevo. He encontrado mi pasión y no puedo estar más feliz

Recolectar medicinales es medicina para el alma.

Si solo pudiera elegir tres plantas, sin duda escogería el tomillo, la salvia y la melisa. Aparte de sus numerosas propiedades siento que conecto con ellas de forma especial. La primera, el tomillo, aparece de forma natural en la finca, tengo el campo lleno y es una maravilla. Pero las otras dos soy yo quien las introdujo, preparando plantel desde la semilla y plantándolas por todos los rincones. Una de las salvias lleva ya 7 años conmigo regalándome sus flores para las ensaladas y sus hojas como medicina. Seguro que suena raro, pero le tengo cariño.. Y la melisa sencillamente está preciosa y espectacular en el huerto. Cada vez que paso por delante no puedo evitar acariciarla para sentir su aroma y llenar los pulmones con ese dulzor cítrico tan delicioso.

Muchas de las plantas medicinales que necesito las encuentro en mi entorno. Recolectar plantas medicinales es medicina en sí misma. Es todo un ritual que va mucho más allá del momento de la recolección. Es conectar con tu entorno, reconocer las plantas que te rodean en todos sus estados y momentos. Es saber cómo y cuándo pueden ayudarte y sentir su poder más allá de su composición química. Es magia. Es sentir el aquí y ahora, rodeada del canto de los pájaros y los insectos que revolotean a tu alrededor. Es emocionarte al ver una mariquita o al descubrir la primera flor. Recolectar medicinales es medicina para el alma.

No es verde todo lo que reluce

Llevamos casi toda la semana con el cielo nublado, pendientes de las baterías por si acaso, pero sin ningún problema. Y es que los días son tan largos ya que aunque haya poca luz, nuestro sencillo sistema fotovoltaico mantiene la carga y nos permite seguir dándole un uso habitual con la nevera, la tv, el ordenador, el equipo de música, las luces. Hay muchas dudas sobre este tema y muchas recomendaciones de sistemas súper completos y potentes, pero se trata de ser responsables y conscientes de la energía que gastamos, de decrecer y vivir bien con menos.

A ojos “expertos”, nuestro sistema vale para una caseta de aperos o para una simple bomba de pozo, pero nosotros llevamos ya 8 años con la casita y 4 viviendo todo el año. La instalación está ya amortizada y lo que dure a partir de ahora ya será “energía gratuita” si lo comparamos con lo que pagaríamos mensualmente de factura de la luz a una compañía. Y sin vender la fotovoltaica como la panacea, porque como os digo no es verde todo lo que reluce, depende del uso que le demos. La fabricación de todo este equipamiento también produce un fuerte impacto en el medio. Pero estamos contentos y orgullosos de vivir de esta forma, más austera, consciente y autosuficiente.

Hemos pasado días de miedo …

Menudo Enero hemos pasado… Con temperaturas muy por debajo de lo habitual una semana y a las puertas de una nueva borrasca con la que llegaremos hasta los 30º días después. En pleno invierno. Y qué decir del viento… Siempre hemos tenido aire en nuestra zona, pero de nuevo este año se supera. Hemos pasado días de miedo, de verdad, viendo como los árboles zarandean y temiendo que acaben cayendo. Rezando para que las placas solares no vuelen. No sé cuantas noches llevo sin dormir escuchando las ráfagas que lo hacen temblar todo. Y aunque aquí estamos preparados para el viento, está todo bien recogido y reforzado, el otro día apareció en la puerta de casa un depósito enorme que teníamos arriba en el bosque. De poco no se estampa con el coche. Y es que por más que intento ser optimista, predicando con el ejemplo, hay veces que me hundo al ver la insensibilidad e irresponsabilidad de la mayoría de la gente. Nos vamos a la mierda. Y cuando se pierdan las cosechas, nos azoten más pandemias y el clima sea tan extremo como ya nos viene avisando, a ver entonces de que os sirven Amazon y el último iPhone. Preocuparos más de lo que de verdad importa. Tenemos la oportunidad de bajar el ritmo por las buenas, de forma consciente y voluntaria, aprender a vivir mejor con menos. Decrecer. O nos llevaremos una hostia histórica, sufriremos un auténtico colapso, hambruna, frío, calor y sed. Si continuamos así nos tocará luchar por cubrir unas necesidades básicas que hoy damos por sentadas. Yo tengo claro la opción que elegí, pero de nada me sirve si no vamos todos a una. Piensa en ello y elige qué futuro quieres.

La verdadera felicidad no está en las cosas materiales

Tengo una libreta en mi mesita en la que escribo lo que me ha hecho feliz ese día. Mentiría si dijera que lo hago a diario, la mayoría de veces no lo escribo porque llego a la cama agotada. Pero aún así me tomo el tiempo de pensar en ello, de repasar mi día y buscar cual ha sido mi momento de felicidad, ese que me ha sacado una sonrisa, incluso y sobre todo en los peores días. Empecé a hacerlo hace años cuando lo pasé tan mal con la ansiedad y luego simplemente se convirtió en una rutina que me hacía sentir bien. Buscar aquello que te ha hecho feliz y dormirte pensando en ello, así de simple.

Muchas veces durante el propio día me doy cuenta, cuando sucede algo, y pienso “este ha sido mi momento de felicidad” y entonces sonrío de nuevo. ¿Y sabes qué? Nunca, jamás, en todos estos años ha tenido que ver con algo material. La verdadera felicidad no está en las cosas. Son detalles, gestos, sensaciones y personas. La charla con un amigo, la sonrisa de tu ahijada al verte, el pajarito cantando en tu ventana, una siesta con tu perro, una puesta de sol,… Mi momento feliz de ayer fue volver a ver y abrazar a mi hermana.

Así de simple, sencillo y liberador.

Hace ya años que nos dimos cuenta de ello, de que cuanto menos teníamos más felices éramos. Y lo convertimos en nuestro modo de vida. Recuerdo cuando vivíamos en la ciudad y empezamos a sentir que todo se nos hacía grande y nos sobraban cosas. Mi vida transcurría entre ordenadores y juzgados, y la naturaleza quedaba relegada al finde que podía escaparme. Era agotador y agobiante. Demasiada casa, demasiados trastos, demasiado trabajo para mantenerlo. Por eso cuando nos mudamos a nuestra casita, aparte de muchos otros motivos, el hecho de que fuera tan pequeñita fue tan liberador.  Nos deshicimos de muchísimas cosas, algunas las donamos y otras las reutilizamos de mil maneras.

Prácticamente no hemos comprado nada en los últimos años. Y si hemos necesitado algo, casi todo lo hemos comprado de segunda mano, desde los muebles hasta la ropa. Y es que teniendo nuestras necesidades básicas cubiertas, tanto físicas como emocionales, todo lo demás pierde importancia, y aprendes a ser feliz con solo eso, con poco, con lo necesario. Que lo es todo al fin y al cabo. Además las posesiones esclavizan, pues cuanto más tienes o quieres, más tiempo tienes que trabajar para poder comprarlo o mantenerlo. Y te aseguro que nada tiene más valor que el tiempo. Así que no lo desperdicies en conseguir cosas materiales y VIVE.”

Erina Wild
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